Las Musas

Por el nombre de Las Musas se conoce a las Nueve Deidades de las artes y las ciencias según la mitología clásica griega. Estas deidades, hijas de Mnemósine y Zeus, le entregaban a cada mortal uno de los nueve dones, para la entretención de su alma.

Cada una de las nueve Musas estaba especializada en un tema diferente.

Calíope defendía la poesía heroica y épica, junto a la elocuencia, por lo que solía portar obras como la Odisea, la Iliada o la Eneida, además de las tablillas y el estilete. Su nombre significa “la de bella voz”. Es la primera de todas en dignidad, la que ocupa un lugar de honor en el cortejo. Según Hesíodo, es la que asiste a los venerables reyes. Enseñó el canto a Aquiles, el famoso héroe griego de la Guerra de Troya.

Clío presidía la historia y se encargaba de poner de relieve las grandes hazañas del mundo. Su nombre significa “la que ofrece gloria”. En las representaciones clásicas suele aparecer con un rollo de escritura en las manos, la trompeta heróica y la clepsidra para medir el tiempo.

Melpómene inspiraba la tragedia e iba vestida como una sobria y gran actriz dramática, con la máscara trágica, y con una maza (el bastón de Heracles) que indica que la tragedia es un arte difícil que exige un genio privilegiado y una imaginación vigorosa. Su nombre significa “la melodiosa”.

Talía iba caracterizada de forma equivalente a un payaso de la actualidad pues era la musa de la comedia. Se la representaba como una joven risueña coronada de hiedra, con la máscara cómica y un cayado de pastor (también el bastón de Heracles) como atributos. Su nombre significa “la festiva”.

Euterpe, siempre con su flauta, era, pues, la especializada en la música y se relacionaba mucho con Terpsícore, diosa de la danza. Su nombre significa “la muy placentera”.

A Terpsícore se le asignaban la poesía ligera y, principalmente, la danza, así que era representada con una cítara (o lira) en situación de acompañar con su música a los coros de danzantes. Su nombre significa “la que deleita en la danza”.

Erato inspiraba la lírica coral, especialmente de la poesía amorosa, por lo que iba caracterizada como Eros en algunas ocasiones (o con el dios a sus pies) y con un laúd (o lira pequeña), instrumento que ella inventó y una corona de rosas y mirto en otras. Su nombre significa “la amable”.

Polimnia, en actitud pensativa, defendía la poesía sagrada, el arte de la pantomima (la mímica) y la armonía. Su nombre significa “la de muchos himnos”. En las representaciones era frecuente verla en actitud de meditación, apoyando los codos en un pedestal o roca, portando un cetro, y con un dedo sobre la boca.

Por último, Urania, musa de la astronomía, iba acompañada de un globo terráqueo y de un compás para medirlo. Su nombre significa “la celestial”.

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A su madre, Mnemósine, Hesíodo la presenta en su Teogonía como hija de Urano (“el Cielo”) y de Gea (“la Tierra”). La señala asímismo como la quinta esposa de Zeus, precedida por Metis, Temis, Eurínome y Deméter, y predecesora a su vez de Leto y de Hera. Su nombre significa “La Memoria”.

Según cuenta este autor, Zeus se unió a Mnemósine durante nueve noches consecutivas y el fruto de dichas uniones fueron las nueve Musas, nacidas en un parto múltiple.

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Las Musas han cantado y participado en muchos de los momentos más relevantes de la mitología griega. El más antiguo de los cantos de las Musas es el que entonaron después de la victoria de los olímpicos sobre los Titanes, para celebrar el nacimiento de un nuevo orden.

Una de sus participaciones más trascendentes fue como juezas, al considerarlas estandartes del arte, en la competencia musical entre Apolo y Marsias, en la que resultó vencedor (en la segunda ronda) Apolo, quien desolló a Marsias y clavó su piel en un árbol, para intimidar a quienes quisieran presumir de ser mejores que los dioses.

También participaron en otra competencia musical, pero esta vez la jueza fue Hera, y ellas eran las que debieron medirse con las sirenas. Las Musas ganaron la competencia y tomaron como trofeo las alas de las sirenas, privándolas de su vuelo. Según Ovidio las alas les sirvieron a las Musas para huir de Pireneo, rey de la Fócida, cuando intentó violarlas.

Pireneo intentó apoderarse de ellas cuando las Musas paseaban solas, muy alejadas de sus moradas. En pleno vendaval les ofreció asilo y cuando éstas aceptaron, las encerró en su palacio. Sin embargo, antes de que el tirano pudiese consumar ninguna de sus fechorías, las nueve muchachas se proveyeron de las alas de las sirenas, y lograron escapar, provocando la muerte de Pireneo mientras las perseguía.

Compitieron también contra las nueve Piérides, hijas de Piero, rey de Macedonia, quienes trataban de vencerlas en capacidad artística y apostaron diversos territorios con las Musas a que serían mejores que ellas en el canto y la poesía. Las Piérides trataron sobre las luchas entre Zeus y los Titanes pero sin ritmo, ni gracia, ni vida, ni concordancia. Las Musas, por su parte, trataron sobre el poder de Zeus y la desesperación de Démeter y en cuanto terminaron, las ninfas, que eran el jurado, le dieron la victoria. Entonces, las hijas de Piero se abalanzaron sobre las ganadoras pero al momento se convirtieron en urracas, conservando bajo esa forma su temperamento y charlatanería.

En recuerdo de esta victoria, las Musas eran llamadas Piérides, nombre que coincide con el que recibían por habitar en Pieria. Otra participación importante es en la trágica muerte de Orfeo (hijo de Calíope) apiadándose de su asesinato a manos de Dioniso, recogiendo sus restos y enterrándolos junto al monte Olimpo.