Linea de Sangre Danava – 20 Aniversario

No importa si soy un dios o un demonio, pues la santidad sigue igualmente mis pasos.

 

Desde tiempos inmemoriales los Danava han establecido su hogar ancestral en la India y el peso de esos años conlleva poder. Mientras que los Cainitas occidentales afirman que los maestros del Sadhana son los lejanos descendientes de los Ventrue, los Hijos de Danu explican una historia distinta. Sus orígenes reales son tan turbios como el Ganges, y algunos de los de mayor edad afirman descender de la Sangre de quienes vivieron en la más antigua y olvidada de las ciudades que han quedado reducidas a cascotes en la India. Otros incluso asegu­ran ser descendientes directos de la diosa primigenia Danu a través de la Sangre transmitida de Sire a Chiquillo a lo largo de los siglos. Hasta los hay que mantienen ser demonios encarnados, asuras atados a la forma humana. Una segunda facción cree que son devas, la voluntad divina de su ancestro y de los dioses a los que adoran hecha manifiesta mediante ple­garias y las brutalidades del Sadhana. Estas dos vertientes mantienen un papel enfrentado dentro de la Línea de Sangre, aunque ambas siguen pagando su tributo a las deidades que gobiernan la India. Cada Hijo de Danu busca desprenderse de su forma mortal y trascender hacia algo más mediante el Sadhana, usándolo como un fuego purificador que les permita alcanzar la iluminación. 

Los Danava creen que la ingesta de sangre los imbuye de prana, que a su vez alimenta su Taumaturgia, la cual blanden desde mucho antes que existieran las hechicerías de los Tremere. En la muerte los Danava siguen siendo los mismos artistas, sacerdotes, guerreros y profesores que fueron en vida. Conservan parte de esa posición como mortales y proporcionan servicios espiri­tuales a sus respectivas comunidades Cainitas. Gobiernan las noches de la India como príncipes -sacerdotes y custodios del Sadhana, los sagrados y profanos ritos que permiten a los Hijos de Danu alterar los humores que los animan en algo aún más extraño.

El Sadhana exige rigurosos ejercicios de austeridad lle­vados a cabo a cada nuevo rango que se obtiene. Incluso los que defienden un origen demoníaco son fieles a la miríada de dioses hindúes y realizan oblaciones y sacrificios según se requiera a lo largo del ciclo anual de días sagrados y festivales. Muchos Hijos de Danu creen que con la sangre de su tan cacareada ascendencia, tanto mortal como Cainita, estas devociones les permiten hacer uso de la maya inherente en el universo y volverse señores del mismo no sólo de nombre.

Ya sean los hijos de una diosa ancestral o lejanos descendientes de demonios, los dioses de su tierra son reales. Pese a que haya un puñado de ateos entre sus filas es imposible negar la existencia de algo completamente ajeno en ellos cuando se so­meten a la agonía del Sadhana. Se doblan y retuercen en posiciones de yoga y tántricas, y usan mudras con sus manos o el cuerpo entero como método para acceder a los distintos aspectos de su Taumaturgia. Para cada nueva empresa los Danava consultan semillas, arrojan mantequilla purificada a las brasas y examinan las cartas solares y lunares para adivinar el momento adecuado. Siguen escrupulosamente sus calendarios rituales y las promesas que hacen a sus dioses, y para ellos romper un vrata es pasarse de la raya, incluso para un demonio.

Sobrenombre: Hijos de Danu.

Apariencia: Los Danava son regios fuera de toda duda. Todos están perfu­mados con el suave olor de las esencias sagradas, fragancias que perduran en el aire e impregnan sus ropajes hasta mucho después de haberlos usado. Empapados por la sangre de la India, su forma de vestir es tan variada como todos aquellos que pueden reivindicar una procedencia dentro de ese territorio. Muchos prefieren las togas color azafrán de los swamiji cuando ayunan y se someten a privaciones, mientras que otros se adornan con las riquezas y las ropas que corresponden a los estamentos más elevados de su so­ciedad. Y los hay también que prefieren ataviarse con galas simplificadas, aunque todos ellos se comportan como exigen sus derechos de nacimiento.

Refugio: Sería fácil confundir el refugio de un Da­nava con un templo. Sus altares están llenos de dioses adornados con flores frescas y el ambiente suele estar cargado con los olores del incienso, las ofrendas y los aceites del altar. Incluso cuando bus­can la vida de los ascetas, suelen entrar fácilmente en comunión con dioses y espíritus. Tales entidades no les son extrañas, sino que los consideran aliados cercanos. Muchos toman residencia en lugares santos o cerca de ellos, al igual que en barrios ricos y poblados. ¿De qué sirve ser un sacerdote si no hay nadie a quien guiar?

Creación de personajes: Todos los Danava poseen un porte señorial y como tales los escogen para que guíen y aconsejen. Con­fían en su perspicacia social y en sus amplios conocimientos adquiridos de los Vedas, y reivindican una pro­funda educación en las tradiciones orales de los brahmanes. Los cantos y las sagradas escrituras les son tan naturales como cualquier orden que puedan dar.

Los Trasfondos Aliados, Criados y Recursos suelen servirles bien, y siguen por igual los Caminos de los Reyes y del Cielo.

Disciplinas de Clan: Domina­ción, Fortaleza, Taumaturgia.

Debilidad: Como sus primos occiden­tales, los Danava tienen unos paladares muy refinados cuando buscan presas, aunque animales como las vacas y los cerdos son un rígido tabú. Los Danava no reciben sustento de la sangre animal. Los miem­bros de la Línea de Sangre deben hacer primero una ofrenda ritual de las víctimas a los dioses, aunque no es necesario que estos ritos sean ni estrictos ni largos. Sin un ritual de al menos treinta segundos la sangre proporciona la mitad del sustento.

Organización: Los Danava se rigen por el sistema de castas y los prejuicios de su tierra de origen. Para los Hijos de Danu esas estructuras son correctas y sagradas, y es im­pensable alterar el orden divino de las cosas.

Estereotipos
  • Brujah: No puede negarse la belleza del fuego que alimenta sus pasiones. Aun así, algunos fuegos hay que vigilarlos de cerca.
  • Capadocios: Mantenedlos bien, bien lejos.
  • Gangrel: Algunos animales merecen que los aten. Otros, correr libres. Dedicid cuál merece qué y tendréis pocos problemas.
  • Giovani: Manchados irremisiblemente por el hedor de la muerte. ¿Cómo se las apañan para vivir con tal suciedad?
  • Lasombra: La oscuridad es­conde grandes maravillas, al igual que ellos.
  • Malkavian: Tratadlos con bon­dad, pues nunca se sabe qué sabiduría puede proporcionar un vidente.
  • Ravnos: Todo huésped es un dios. Pero recordad que a algunos dioses es mejor recibirlos tras la cancela y no a las puertas.
  • Nosferatu: Su piel es una ad­vertencia, sin importar qué dulces palabras puedan pronunciar.
  • Salubri: Algunas causas consu­men completamente y quizás en ellos encontramos algo parecido a hermanos.
  • Setitas: Hay santidad en la forma de las serpientes.
  • Toreador: El arte es un acto sagrado y aun así todos ellos son superficiales.
  • Tremere: Sus artes son profanas mientras que las nuestras son sagradas.
  • Ventrue: ¿Qué puede decir un padre a un hijo que todos puedan recordar? No caminan con la sangre de una diosa recorriendo sus venas, aunque actúan como si así fuera.

Tiburk

Un amante de los juegos de rol...

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