Aventura – Las Lagrimas de Hades

Siguiendo con la tarea de ir compartiendo con vosotros los diferentes módulos que va creando Ruben Rivera Cisneros, hoy les acercamos una nueva aventura propia para el viejo Edad Oscura: Vampiro titulada Las lágrimas de Hades. Es una aventura que se plantea en la convulsa época de transición entre la Larga Noche y la Guerra de los Príncipes y sitúa a los personajes en la ciudad de Colonia, feudo del viejo Hardestadt, donde los patricios están fraguando su colonización de las tierras del este de Europa. En este caso se trata de una aventura para un grupo estándar de 4-5 jugadores que encarnen a neonatos o personajes de nivel medio-bajo. La aventura, igual que el resto de las que os traído, está maquetada y se presenta en formato pdf con una extensión que supera ligeramente las 30 páginas. La podéis descargar en el siguiente link: Las lagrimas de Hades Espero la…

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Brunhilde, Líder de las Waelkyrige

La noche no pertenece necesariamente a una de la dos grandes sectas de vampiros. En realidad, en estos tiempos desesperados y modernos, muchos de los hijos de Caín eligen desdeñar las pequeñas políticas de las sectas y crear sus propios destinos. Independientes e Inconnu.

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Relato de Isobel – Al filo de la Destrucción

Este es el escrito ganador de nuestro Concurso de Relatos “Al Filo de la Destrucción” Que lo Disfruten. Evidentemente, el ghoul había caído doblemente en desgracia. Tras los barrotes de la pequeña ventana de su celda en los calabozos de la ciudad de Pompeya, Ovidio Neptunio observaba los resabios de la masa de gente que ya terminaba de huir rumbo a las playas. ¿Qué era esto? ¿Una nueva Sodoma? ¿Gomorra volvía a levantarse para perecer nuevamente? Se seca la frente sudorosa con el antebrazo tembloroso. Pocos eran los rezagados que transitaban las calles algo desorientados. Los patricios cargaban sus pertenencias más preciadas y portátiles escondidas en cofres finamente tallados; y los plebeyos hacían lo propio en bolsas gastadas al hombro. Ovidio les observaba pusilánime, subido a un pequeño banco para ganarle altura a la ventana. Su amo, un Tzimisce de alto rango, le había abandonado con las primeras erupciones. Y…

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