Historia de los Despertados

Los Comienzos

El pensamiento mágico deriva de dos filosofías básicas e incompatibles. La primera sostiene que el poder de alterar la realidad brota del interior, de la iluminación personal. La segunda define la magia como un proceso externo, ya sea como comunicación con deidades o espíritus poderosos, o a través del uso de herramientas con las que observar, mesurar y controlar el universo. Ambos métodos permiten a los Despertados manipular la realidad a través del poder de la voluntad. Toda la increíble variedad de refinamientos existente en la actualidad derivó de esta división elemental.

Los Despertados han sido siempre tíos raros. El fragmento de Cardinal sintiente que permite la práctica de la magia es otorgado a unos pocos. Un Despertar universal es teóricamente posible, a través de una Ascensión en masa, pero muy pocos magos modernos creen que haya existido un tiempo en que cualquier humano pudiera alterar la realidad con un simple pensamiento. Durante toda la Historia, los artesanos de la magia han guiado a la humanidad mediante el ejemplo (no el control). A través del ejemplo que representan, de los acontecimientos que ponen en marcha, y del conocimiento que muestran a los no-Despertados, los magos siguen siendo una poderosa y sutil fuerza en el desarrollo de la humanidad.

En ningún momento de la Historia han gobernado los magos a la humanidad. Incluso la Tecnocracia guía con el ejemplo más que con la tiranía.

Los primeros magos reciben muchos nombres, títulos y etiquetas. Los Verbena hablan de los Wyck, que vagaban por la Tierra como una fuerza de cambio primordial. La Hermandad Akáshica se jacta de haber nacido en una aldea en la que toda la humanidad era una, mientras que sus rivales Eutánatos sostienen que el origen de la magia se encuentra en la primera comprensión humana de la mortalidad. Fuesen quienes fuesen aquellos primeros magos, se dice que realizaron grandes prodigios, y que vivieron durante siglos. Puede que entonces no existiese la Paradoja, al menos tal y como es conocida hoy en día. De hecho, la membrana que separa lo posible de lo imposible era por entonces muy tenue y dúctil.

En aquellos tempranos días, comenzó a fraguarse a partir de raíces comunes la división entre magos (quienes practicaban la magia y la reconocían como tal) y filósofos científicos (que creían que todos los fenómenos derivaban de un patrón establecido de elementos, leyes y ecuaciones susceptibles de ser descubiertas). Pero habrían de pasar varios siglos antes de que la división de filosofías condujese a un conflicto serio. Por entonces, aquella división era causa de rivalidades amistosas, no de la sangrienta Guerra de la Ascensión de la actualidad. Ulteriores divisiones en el seno de las escuelas de pensamiento dividieron a los magos en asociaciones poco definidas. Las Tradiciones no habían nacido todavía. Los magos sencillamente existían en los lindes de las culturas humanas, expandiendo su poder y su conocimiento, y utilizándolo para sus fines personales, fueran éstos perjudiciales o beneficiosos para los Durmientes que los rodeaban. Por aquel entonces los límites de la realidad eran mucho más fluidos, por lo que los magos contaban con mucha mayor libertad para explorar sus posibilidades y sus ideas. Este periodo de tiempo (desde la prehistoria hasta hace aproximadamente 3000 años) es llamado habitualmente la Baja Edad Mítica.

La cultura humana se expandió, evolucionó y se diversificó. Muchas civilizaciones crecieron y se definieron a sí mismas (con o sin la influencia de la magia) y el libre fluir de las posibilidades se asentó o se estancó. El mundo de entonces era rico en culturas y paradigmas. Los seres humanos peleaban por el territorio y el comercio, y los magos luchaban junto a ellos para expandir sus paradigmas a otras áreas. Los adoradores de un dios combatían a los de otro por el derecho de controlar el culto y definir el paradigma. Filosofías y gobiernos nuevos pugnaban entre sí por la dominación. Las tribus, las ciudades y eventualmente las ciudades-estado luchaban por el derecho de controlar el territorio, la población e incluso las creencias. Los vencedores establecían las posibilidades mágicas de una región convirtiendo a sus habitantes a sus costumbres y maneras a lo largo de varias generaciones. La mayoría de estos conflictos no eran intencionados, pero con el tiempo los magos comenzaron a descubrir el efecto que la creencia humana tenía sobre su magia. Descubrieron que la fe de los Durmientes en sus métodos facilitaba su magia y, a la inversa, dificultaba la de sus contrarios. Estos magos comenzaron a luchar para establecer territorios en los qie prevaleciera su filosofía, y los defendieron con uñas y dientes contra todo intento de intrusión. Así comenzó la Alta Edad Mítica, testigo de un insólito florecimiento de la magia y el pensamiento científico, y de una variedad de filosofías inconcebibles hasta entonces.

La Alta Edad Mítica presenció también la división de las artes mágica; la magia alteradora de la realidad de los Despertados, y la más estática exploración de las leyes mágicas de aquellos que carecían del potencial para utilizarla. La hechicería (el uso de leyes y teorías mágicas para moldear el mundo de manera predecible) apareció en estos tiempos. A medida que los límites de la realidad se hacían más sólidos, los magos descubrieron que sus artes se tornaban cada vez más difíciles, y que los asombrosos poderes que habían blandido en tiempos pasados estaban limitados por restricciones crecientemente severas. Todavía podían utilizar sus poderes, pero la Paradoja se desencadenaría sobre aquellos que desafiasen en exceso tales límites. la vida eterna, la levitación de montañas y fortalezas, las tormentas gigantescas o la invocación de seres de otros mundos resultaban cada vez más difíciles y peligrosas. A medida que las restricciones obligaban a establecer con mayor rigor causas y efectos, evolucionaron diferentes escuelas de pensamiento mágico, desde la brujería de lo más profundo de los bosques hasta las Altas Artes de Hermes. De las antiguas artes brotaron la alquimia y la alta filosofía, la construcción de artificios, la adoración y la fe, el refinamiento del Yo y la alteración de la conciencia. Las diversas escuelas comenzaron a combatirse y aliarse unas con otras, y brotaron amargos conflictos por todas partes. Quizá la Orden de Hermes fue la primera en adoptar una política de exterminio del pensamiento mágico diferente, pero pronto esta práctica se extendió como la pólvora entre las diferentes sociedades mágicas.

El conflicto constante distrajo a los magos de la sociedad Durmiente. Como incendios súbitos, la enfermedad, el hambre y la inquisición se extendieron a través de las poblaciones mundanas cuando los Despertados las abandonaron a su suerte para entregarse a la batalla por la primacía de la ciencia o la hechicería. Ciertamente, los Despertados no necesitaban la ayuda de los magos para comenzar a guerrear entre si (la humanidad ha sentido siempre una especial inclinación hacia el conflicto), pero las terribles batallas de los magos imbuyeron vastas áreas con la marca de la Resonancia de tal destrucción, provocando que una miseria creciente se extendiera tanto entre los Despertados como entre los Durmientes. Los pecados de unos pocos envenenaron la fuente de todos. Como consecuencia, la Paradoja reforzó aún más el nudo con el que limitaba las fluidas posibilidades de la magia, y creció entre los Durmientes un acusado descontento hacia los magos.