Relato de Sombra Fa – Fuegos en la Noche

Este es el escrito ganador del Segundo puesto de nuestro Concurso de Relatos «Fuegos en la Noche», escrito por Sombra Fa.

Que lo Disfruten.


FUEGOS EN LA NOCHE

Hoy será el comienzo de una nueva historia en mi vida, ¡cuantas historias hay en una vida que la hace ver tan larga!”
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Había caído la noche, como todos las noches que están plasmadas en el mundo. La luna el lucero mas grande de esa estela negra que allí arriba yacía, miraba aturdida las cosa aca bajo. No se si entendía lo que pasaba o sabia lo que iba a pasa, pero como una gran madre de la noche, que ella era, cuidaba de sus hijas que la rodeaban y en un cántico melancólica hacia que mi camino se alumbrara para poder encontrar el destino que me esperaba. La frialdad de ese estado semioscuro en el que estaba caminando era más fuerte que la mirada de mis grisaceos ojos de hielo que todos dicen que yo poseía. Ni mis pisadas que crujían entre las opacas hojas caídas en el suelo, las cuales anunciaba que hay estaban mis sueños tendidos, para que todos los pisotearan como lo que eran, algo sin importancia.

No se ni cuanto camine en ese inmenso camino, que no tenia fin, hasta que en la lejanía y su profundidades, pude observar lo que imponentemente nacía al horizonte. Una Hermosa arquitectura, que su olor decía y contaba cuanto tiempo llevaba vagando por este mundo que era el que me rodeaba. El crujir del metal oxidado, anunciaba mi llegada al fascinante ejemplar, dueño de tal magnifico aposento. Mis ojos por pocos minutos se hicieron uno con la madre de la noche, ella tuvo que haber leído mi mente pues en el mismo momento en que cruce el portal, sus lagrimas dejo caer para bañar y limpiar el lugar por el que yo había pasado. Como deseando purificar lo manchado por mi gran audacia de llegar a ese lugar que no era para mi.

Adentro te tan maravilloso lugar se sentía un calor que emanaba de las grandes chimeneas que poseía, en ellas bellos niños jugueteaban alados y me miraban con ojos de desprecio. Otros con ojos de tristeza y amargura, el mas que cautivo mi mirada fue uno que me miraba con ojos de perdón, como si yo hubiera hecho la mas grande y vil cosa en ese mundo. Al subir a las alturas se podía escuchar de nuevo el crujir que me seguía hasta hay en ese lugar de paz y remanso de libertad. Al llegar al punto cero donde me esperaban, el aire pesado de aquella situación me hizo titubear. Por que deseaba titubear si nada malo iba a hacer.

La puerta se abrió a un cuarto que era más puro que lo más puro de esta vida. No había espacio ni para la mentira o fingir algo que no era. Las almas solas se despedían de su cárcel eterna en donde se encontraban. Un sentimiento que inundaba la piel y hacia que aflorara más calor del que nunca se había podido experimentar en algún momento de la vida. Solo con una Mirada. Se me acerco antes que algún sonido pudiera herir el momento que había dejado de corre, posando un dedo en mis labios carnosos que el adoraba y los volvía como cerezas de tanto amarlos.

Sin permiso flotamos como una hoja por el aire de otoño, hasta el lugar más cómodo, suave como el algodón. Sin un sonido que parara la situación, ni el tiempo se atrevió a correr para llamar al padre del día. El solo deseaba que la madre de la noche, sus hijas y las bellas lagrimas de todas juntas fueran el único testigo de tal desfachatez de sentimientos en ese lugar que se desbordaba como río sin cause. No sabia que le pasaba a mi cuerpo que no respondía al pensamiento los cuales los sentimientos le ganaron la batalla, era presa de esos actos sin pensar solo reaccionaba a los actos de el.

Sus dedos recorrian mi dulce y fría piel que parecía nieve. Una nieve que se derretía por el calor que el me hacia sentir por todo mi cuerpo. Sentía como sus suaves y dulces labios mordisqueaban los míos y un leve sabor del líquido carmesí que corría por mí, comencé a sentir en mi boca. Mis sentidos comenzaron a volar al horizonte de la locura y el placer. Ni los niños sentían tan grande y masivo cosquilleo por su piel, parecía las patitas de un ciempiés que jugueteaba en mí. El liquido que emanaba de mi cuerpo salado como el mar, me hacia sentir que el cansancio llegaba.

Sentí su esencia en mí, haciéndonos uno, entre explosiones y calor. Ya la razón no era amigo o enemiga solo estaba hay inmute. Esperando poder reaccionar y maldecirnos por los actos cometidos enconara de ella. Su mirada muy penetrante como agujas en mi mirada, me decía que el se sentía como yo. Antigüedad y modernidad mezcladas en una sola desdicha de placer y paciones. En el momento que la locura llego a la mente se destrozo el momento. Sentí como sus delicadas y suaves manos se acercaban a mi cuello mientras yo retozaba como una niña, en un placer puro pero amargo de la sed de la Victoria.

Comencé a sentir como el aire se negaba a darme mas de el, como no deseaba volver, estaba molesto conmigo por profanar tan bello lugar. Y comencé a sentir como unas nubes negras se acercaban y posaban su oscuridad entre el y yo. No se si el destino me amaba o me odiaba pues la madre asustada paro de llorar y miraba la situación aterrada. Mientras yo suplicaba a mi amigo invisible aire que entrara en mí ser. Sin querer dañar o lastimar, salieron unos sonidos que profano el silencio que allí reinaba.

¡Te Amo!

Todo se detuvo, el tiempo, la situación, los actos, los sentimientos, los pensamientos. Se levanto de mi, camino como si el tiempo no lo afectara o se conocieran tanto que podía tener todo el que quisiera. Se detuvo en esa invisible pared y miraba a la madre en esa estela negra en la inmensidad y ella a su vez lo acariciaba, extendiendo sus largas y sutiles manos. Ya era el momento de que el destino se interpusiera al corazón. Me levante de aquel lugar y dejando que el suelo sintiera el calor que yo sentí en algún momento. Comencé a caminar a las afueras no sin antes admirar a los niños de la chimenea, que miraban con miedo y ganas de correr aunque no pudieran.

El calor caminada y tomaba fiera forma destruyendo todo a su paso y el no se inmutaba solo miraba a la madre que lo tenia ya en su ceno maternal. Continúo si gran trabajo apoderándose de todo el lugar comiéndose a los niños y todo lo que había en el lugar. El aire ya no poseía la nobleza antigua si no, la desesperación de la supervivencia. La cual no le sirvió de nada, pues su propietario nada hizo para evitarlo.

Una magnifica visión la MIA caminando fuera de aquel remanso de paz, las hojas crujían a cada paso que yo daba lento sin prisa. Como si nada me esperase o nada tenia que ver en aquella situación. El me miraba desde su gran pared invisible como yo me alejaba cada vez más sin mirar atrás. El silencio inundaba el lugar solo se escuchaba el crujir de la madera antigua deshacerse en aquel lugar que una vez fue un remanso donde nada se decía y nada se escapaba. Un auto me esperaba. Entre en el y me senté, me llevaba a mi próximo destino. Mientras mi mente volaba entre sueños de libertad y placer, algún día volare lejos de aquí para poder vivir. Si no es que en el camino me pierdo y no me encuentro jamás.

Tiburk

Un amante de los juegos de rol...

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